¿De qué color es la manzana?

Una de las cosas que más recuerdo de la carrera es la clase de Lingüística en la que nuestro profesor nos planteó la cuestión de cómo traducir el color de una manzana y si importa o no. Resulta que en países anglófonos, las manzanas más frecuentes son de color rojo pero en España, son verdes (o amarillentas), así que cuando le preguntas a alguien sobre su color, va a depender de las que suela ver. Se puede pensar que, en general, da igual. Para un texto cualquiera, una manzana no es más que una fruta. Sin embargo, ¿va a llamar la atención del público español que sea roja? ¿Qué impresiones va a provocar que sea así? ¿Hay alguna metáfora, algún significado oculto en ese color? Y de igual manera, si en el texto original lo que choca es que la manzana sea verde, ¿entenderá por qué el público que lee una traducción?

Ruiseñor

Este es un ejemplo muy sencillo y, en apariencia, irrelevante, sobre las decisiones que se deben tomar al traducir y la forma de priorizarlas. Un ejemplo más claro es sin duda, la traducción de “Matar a un ruiseñor”, que en inglés es “To kill a mockingbird”. En ambos idiomas, la metáfora y el sentido poético del título permanecen intactos: anglófonos e hispanófonos por igual aprecian el significado de la expresión. Se trata de un pájaro que canta bonito, de forma alegre y que da un cierto sentido de nostalgia. Pero un mockingbird no es un ruiseñor. En inglés, ruiseñor es “hummingbird“, y mockingbird es un sinsonte. Probablemente para los habitantes de América Central, la imagen que evoca un sinsonte esté clara pero para un español un sinsonte puede ser un ave, como puede ser un mamífero. Y además, tampoco es una palabra que resulte especialmente poética. Sin embargo, quien tradujo el título tradujo perfectamente la emoción que produce sin provocar extrañeza.

Mockingbird

Años después, se publicó la trilogía de Los Juegos del Hambre que culmina en la tercera parte “Sinsajo”. El sinsajo es un ave que existe en el territorio del libro, un Estados Unidos del futuro que ya ha perdido su nombre y forma actual. Esta ave es el resultado de mezclar genéticamente el sinsonte y el arrendajo, que en inglés son, cómo no, mockingbirdblue-jay (y dan lugar, en inglés, al mockingjay). En este caso, es un pájaro inventado basado en dos aves locales de norteamérica que, aunque tiene también un sentido simbólico, no es de pausada alegría, sino de esperanza y rebelión. Siendo como es un pájaro imaginario de un país inexistente (aunque fácilmente localizable), esta es la traducción que le corresponde, más cercana al inglés y menos adaptada. Tengamos en cuenta además que, en la actualidad, tanto el idioma inglés como la cultura estadounidense nos resultan más asequibles que cuando se publicó “Matar a un ruiseñor” y por lo tanto nos resulta menos ajeno.

Es interesante recordar estos ejemplos cuando hablamos de traducción literaria pero es igualmente útil para la traducción de páginas web (¿qué ponemos en el formulario de contacto, ¿primer nombre y segundo nombre o solo nombre? ¿apellido o apellidos?), la traducción de videojuegos o la audiovisual (¿a quién no le han chocado las palabrotas en una película de acción, que no pasaban del “qué demonios”? ¿Quién dobla en América Latina a Shrek y Asno si no son Cruz y Raya y cuáles son sus chistes?).

Esto, en lo tocante a cuestiones léxicas pero cuando conocemos bien los idiomas con los que trabajamos, las adaptaciones llegan a la gramática, la sintaxis y cualquier otro aspecto lingüístico o cultural del texto. El inglés suele utilizar oraciones más cortas y con más sustantivos que el español, por ejemplo. Una traducción demasiado literal resulta en un texto tal vez demasiado plano y artificial en el que “no pasan cosas”. Para textos publicitarios, en inglés suelen utilizar más exclamaciones de las que cualquier hispanohablante utilizaría naturalmente y si se mantienen, el resultado en español es una sensación de nerviosismo y griterío. En ruso, las exclamaciones se utilizan para cerrar el saludo de las cartas pero en español, que solemos poner dos puntos, esas exclamaciones parecen una arenga cuando lo único que queremos es introducir el texto.

Por todo esto, conviene recordar que los idiomas vienen asociados a una forma de ver el mundo, pero el mundo que rodea a sus hablantes, que no es necesariamente el mundo que rodea a los destinatarios de la traducción. ¿Qué queremos, pues? ¿Que nuestro público se sienta como en casa y se quede o como un vecino que viene a por sal y se vaya?

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