¿Hablas abogado?

¿Te expresas igual cuando hablas con tu médico, con tu profesora o con tus sobrinos? ¿Hablas igual que el presentador del telediario en tu trabajo? Cada persona con la que hablas altera su forma de hablar (y tú la tuya) según la interacción que esté ocurriendo. Es algo que sale solo pero que choca cuando no se realiza correctamente: si alguien se dirigiera a Manuela Carmena como “qué pasa, colega” o si un extranjero utiliza una palabra rimbombante que aprendió en un libro cuando os estáis tomando una caña.

Vous êtes = Usted, Vosotros o Ustedes

Y esto solo a nivel de conversación cotidiana. Piensa que todos nos damos de cabeza con los diagnósticos médicos, las cartas de Hacienda o los documentos jurídicos. Lo que tienen en común esos textos es que no solo cambian de registro sino también de jerga y lo que para unos está clarísimo, para otros es un quebradero de cabeza.

A menudo, cuando digo que soy traductora o que hablo cinco idiomas, la gente piensa que no solo puedo “hablar” esos idiomas, sino que lo sé absolutamente todo, todas las palabras, expresiones y localismos. De hecho, a veces pensamos que conocer distintas lenguas otorga un poder especial de conversión e intercambio entre unas y otras y oímos cosas como “te lo hago yo, que hablo inglés”. En realidad, ese poder especial supone años de práctica y entrenamiento y una dedicación bastante exclusiva a mantener, no solo el nivel de conversación coloquial, sino otros niveles más específicos. No solo de series en versión original vive la traductora.

Dentro de la traducción hay diversos ámbitos de especialidad, tantos como especialidades profesionales o, incluso, circunstancias personales. Por eso, un traductor profesional suele estar especializado en tres o cuatro campos distintos: son aquellos con los que trabaja a menudo, en los que se ha formado específicamente, conoce el vocabulario y la fraseología, sabe dónde buscar la información que le falta y cómo utilizarla para que el resultado final no sea un rompecabezas de palabras y frases y quede no solo comprensible, sino también natural.

Porque una buena traducción es aquella que no se percibe como traducción.

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